De forma paralela a la utilización de los antibióticos, las bacterias han generado mecanismos de resistencia que hacen disminuir o perder su eficacia. Esta situación es actualmente un grave problema de salud pública. Tanto que la Organización Mundial de la Salud considera una posibilidad real el no disponer de antibióticos eficaces en el siglo XXI incluso para las infecciones comunes. Actualmente, se estima que más de 25.000 muertes anuales en la Unión Europea son debidas a bacterias multirresistentes.Una forma de intentar que no se generen resistencias es seleccionar el antibiótico con un espectro de acción específico para los microorganismos que más probablemente causan esa infección, es decir, un antibiótico que apunte sólo a los microrganismos afectados. El antimicrobiano de primera elección para la mayoría de las infecciones tratadas en Atención Primaria son amoxicilina o penicilina V, sin necesidad de añadir ácido clavulánico, que además está asociado a más efectos adversos.